Comunicación Internacional: cómo usar la curiosidad para crear mejores conversaciones
Descubre cómo la curiosidad puede transformar tu comunicación internacional. Aprende de Anthony Bourdain, Chris Voss y otros grandes comunicadores a crear mejores conversaciones entre culturas.
10 min
Cómo usar tu curiosidad genuina como tu mejor ventaja como comunicador internacional
Septiembre siempre me recuerda a la universidad.
A esa sensación de volver a empezar, descubrir asignaturas nuevas y sentir que cualquier conversación podía abrir una puerta inesperada.
Con el paso de los años me he dado cuenta de que quizá lo que más echo de menos de aquella etapa no son las clases.
Es la curiosidad.
Y cuanto más acompaño a profesionales que quieren mejorar su comunicación internacional, más convencida estoy de que la curiosidad es una de las habilidades más infravaloradas que podemos entrenar.
Porque comunicar bien no consiste únicamente en hablar otro idioma.
Consiste en aprender a mirar el mundo —y a las personas— con un interés genuino.
En este artículo descubrirás
- Por qué la curiosidad es una de las habilidades más importantes de la comunicación internacional.
- Qué podemos aprender de Anthony Bourdain para conectar con personas de cualquier cultura.
- Cómo utilizar la curiosidad para salir airoso de conversaciones difíciles.
- Cinco preguntas que transforman cualquier conversación.
Llega septiembre y, con él, la vuelta al cole profesional. Retomamos nuestras rutinas; para algunos de forma no tan apetecible, para otros pensando: «ya era hora».
Y es que la rutina puede vivirse como una prisión o como una oportunidad.
Hay una pregunta que lleva tiempo acompañándome.
¿Una vida profesional con sentido es algo que hay que salir a buscar o es algo que se revela cuando haces aquello que te llena de vitalidad?
A mí esa pregunta siempre me lleva al mismo lugar.
Mi curiosidad.
Curiosidad es una palabra que procede del latín curiositas, relacionada con curiosus: cuidadoso, diligente, deseoso de saber.
Me gusta pensar que su significado va un poco más allá de querer aprender cosas nuevas.
Nos invita a cuidar aquello a lo que prestamos atención.
A abrirnos a lo desconocido.
A habitar nuestra vida como una aventura desde donde estamos hoy.
Vivimos rodeados de estímulos.
Nuestra atención compite constantemente con pantallas, titulares, notificaciones y contenido diseñado para captar unos segundos de nuestro tiempo.
Quizá por eso pienso que muchas personas no atraviesan únicamente una crisis profesional o una crisis de propósito.
A veces atravesamos una crisis de curiosidad.
Como si dejáramos de ejercitar ese músculo que hace que la vida vuelva a verse a color después de un tiempo viviendo en blanco y negro.
Escuchar tu curiosidad es escuchar aquello que despierta algo dentro de ti.
Ese tema sobre el que siempre acabas leyendo.
La conversación que hace que pierdas la noción del tiempo.
La ciudad que te apetece explorar caminando sin rumbo.
La persona a la que todavía sientes que podrías hacerle mil preguntas.
Siempre he vivido con una especie de wanderlust, ese deseo constante por descubrir el mundo.
Durante mucho tiempo pensé que simplemente me gustaba viajar.
Hoy me pregunto si también había algo de escapismo.
La sensación de que lo mejor siempre estaba en el siguiente lugar.
En el próximo proyecto.
En la próxima ciudad.
En la siguiente aventura.
Y sí.
Creo que había un poco de eso.
Lo curioso es que, cuanto más perseguía ese "ahí fuera", menos disfrutaba del lugar donde ya estaba.
En los últimos meses me he propuesto hacer justo lo contrario.
Volver a mirar mi ciudad con ojos nuevos.
Entrar en cafeterías en las que nunca había entrado.
Hacer preguntas diferentes.
Escuchar con más atención.
Y me he dado cuenta de algo.
La curiosidad no solo cambia la forma en la que vivimos.
También cambia la forma en la que nos comunicamos.
Puedes vivir una misma conversación desde la curiosidad genuina y, de repente, esa conversación respira.
Se abre.
Gana color.
Desde la apatía, en cambio, las preguntas se vuelven previsibles.
Invitan a responder con un sí o un no.
Y la conversación termina antes de haber empezado.
Quizá esa sea también una de las razones por las que muchas relaciones se enfrían con el paso del tiempo.
Perder la curiosidad por el otro es dejar de verlo como un misterio por descubrir.
Y precisamente por eso creo que la curiosidad puede hacer mucho más por tu comunicación internacional que tu nivel de vocabulario o tu fluidez.
La comunicación internacional no empieza cuando abrimos la boca.
Empieza mucho antes.
Empieza en la forma en la que prestamos atención al mundo.
Anthony Bourdain y la curiosidad como forma de comunicar
Si hay alguien que me ha enseñado esto sin haber escrito un manual de oratoria, ese ha sido Anthony Bourdain.
Chef en Nueva York, autor de Kitchen Confidential y presentador de Parts Unknown, convirtió la curiosidad en una forma de estar en el mundo.
Bourdain no viajaba para confirmar sus ideas.
Viajaba para ponerlas a prueba.
No llegaba a un país para demostrar cuánto sabía sobre él.
Llegaba para preguntar.
Para probar.
Para escuchar.
Para permitir que otras personas ocuparan el centro de la historia.
La comida era solo una excusa.
En realidad, lo que le interesaban eran las personas.
En una conversación con Iggy Pop, este le dice:
"You seem curious."
Y Bourdain responde:
"It's my only virtue."
Siempre me ha parecido una frase preciosa.
Porque resume algo que intento recordar cada vez que converso con alguien de otra cultura.
Quizá nuestro trabajo no sea impresionar.
Quizá sea comprender.
No llegar con respuestas.
Llegar con preguntas.
Y, para mí, eso es precisamente la esencia de la comunicación internacional.
Tres maneras en las que la curiosidad puede salvarte en una conversación
1. Cuando alguien intenta dejarte en ridículo
Hay personas que hacen preguntas por curiosidad.
Y otras que las hacen para demostrar que saben más que tú.
En una entrevista ya clásica, Woody Allen le pregunta a Twiggy quién es su filósofo favorito.
Ella podría haber intentado justificar su respuesta.
Podría haber fingido saber.
Podría haberse puesto a la defensiva.
En lugar de eso hace algo mucho más interesante.
Le devuelve la pregunta.
«¿Y el tuyo cuál es?»
De repente, la conversación cambia por completo.
Ya no tiene que defenderse.
La curiosidad le devuelve el equilibrio.
A veces la mejor respuesta no es una respuesta.
Es una buena pregunta.
2. Cuando una conversación empieza a convertirse en una negociación
Chris Voss, antiguo negociador del FBI, habla constantemente del poder de las preguntas calibradas.
En lugar de reaccionar.
Pregunta.
«Ayúdame a entender cómo has llegado a esa conclusión.»
«¿Qué te hace pensar eso?»
«¿Cómo esperas que podamos hacerlo?»
No son preguntas para ganar una discusión.
Son preguntas para comprender.
Y precisamente por eso reducen la tensión y vuelven a colocar a las dos personas en el mismo lado de la conversación.
3. Cuando tu objetivo es conectar de verdad
Aquí vuelvo a Anthony Bourdain.
Porque entendía algo que me parece esencial para cualquier profesional que quiera comunicar mejor.
Las personas no necesitan que las impresiones.
Necesitan sentirse vistas.
Y pocas cosas hacen sentir más vista a una persona que una curiosidad genuina.
Preguntas que invitan a quedarse un rato más
Últimamente intento llegar a las conversaciones con menos respuestas y mejores preguntas.
Estas son algunas de mis favoritas.
- ¿Qué debería entender alguien sobre tu ciudad que los turistas nunca llegan a ver?
- ¿Qué parte de tu trabajo suele entender mal la gente?
- ¿Qué tema hace que pierdas la noción del tiempo cuando empiezas a hablar de él?
- ¿Sobre qué has cambiado de opinión en los últimos años?
- ¿Qué te gustaría que la gente preguntara más a menudo?
Me recuerdan que una buena conversación no depende de tener una vida fascinante.
Depende, muchas veces, de aprender a mirar con interés la vida de la persona que tienes delante.
Una invitación para este septiembre
Este septiembre no quiero proponerte únicamente aprender una habilidad nueva.
Quiero proponerte algo mucho más sencillo.
Recuperar tu curiosidad.
Cuidar dónde pones tu atención.
Seguir aquello que despierta tu interés.
Leer sobre temas que nunca habías explorado.
Entrar en ese restaurante de tu barrio al que siempre pasas de largo.
Preguntar un poco más y asumir un poco menos.
Porque cada vez estoy más convencida de que un comunicador internacional no es la persona que más idiomas habla.
Es la que sigue siendo capaz de mirar a otra persona con una curiosidad genuina.
Y quizá por eso, cuanto más vuelvo a Anthony Bourdain, más entiendo aquella frase que respondió a Iggy Pop.
"It's my only virtue."
Empiezo a sospechar que también puede ser una de las virtudes más importantes de cualquier profesional que quiera comunicar, liderar y crear oportunidades en un mundo cada vez más internacional.
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En Tu Voz Americana entendemos la comunicación como mucho más que hablar en público o dominar un idioma.
A través de la Oratoria Creativa y la Comunicación Internacional, ayudamos a profesionales a desarrollar una forma de comunicar capaz de crear confianza, generar oportunidades y conectar con personas de diferentes culturas.
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