EP 92- Crear una voz internacional: la habilidad que transforma tu carrera mucho más que el inglés
Descubre por qué muchos profesionales no tienen un problema de inglés, sino de identidad internacional y comunicación. Estas son las claves de la Oratoria Internacional: la habilidad más demandada entre los profesionales globales.
Cuando empecé mi viaje como comunicadora internacional le daba muchísima importancia al vocabulario.
Tenía sentido.
Me proponía aprender nuevas palabras constantemente. Llegué a pasar temporadas con el diccionario siempre cerca, marcándome objetivos ambiciosos: veinte palabras nuevas, cincuenta palabras nuevas, listas interminables de expresiones que pensaba que algún día me convertirían en una comunicadora más segura en inglés.
Pero no tardé en darme cuenta de algo.
No estaba funcionando.
O al menos no de la forma que esperaba.
Porque en contextos profesionales, tener más vocabulario no equivalía necesariamente a sentirme más cómoda. Mucho menos a sentirme más segura.
Lo que sentía, sobre todo, era comparación.
Comparación con personas nativas.
Comparación con otros profesionales.
Comparación con una idea bastante abstracta de cómo se supone que debía sonar alguien que habla inglés "bien".
Y ahí estaba el verdadero problema.
No era una cuestión de palabras.
Era una cuestión de identidad.
Gracias a mi formación en cine y artes escénicas había desarrollado una habilidad que en aquel momento no imaginaba que me sería tan útil: crear personajes, investigar mundos distintos al mío y sentir una enorme curiosidad por formas de vida alejadas de la mía.
Así que empecé a aplicar esas mismas herramientas a mi Oratoria en Inglés.
Empecé a jugar.
A experimentar.
A salir del enfoque tradicional que, después de años, seguía haciéndome sentir que no avanzaba.
Y poco a poco entendí algo que hoy considero fundamental.
La clave no es solamente comunicarte en un segundo idioma.
La clave es aprender a transmitir tus ideas, tu personalidad y tu forma de ver el mundo en ese segundo idioma.
Y eso implica aceptar algo que muchas veces nos cuesta reconocer:
Cuando te comunicas en inglés no eres exactamente la misma persona que cuando lo haces en español.
Tus referencias son diferentes.
Tu humor cambia.
Tus expresiones cambian.
Incluso algunos aspectos de tu personalidad encuentran formas distintas de aparecer.
Entender esto fue uno de los mayores puntos de inflexión de mi proceso.
Porque dejé de intentar sonar como otra persona y empecé a preguntarme quién quería ser como comunicadora internacional.
Una conversación que parecía un guiño del universo
Conocer a Kayla Belush es una de las razones por las que sigo creyendo que puede salir algo positivo de las Redes Sociales, porque sí, a veces las redes también sirven para conocer personas difícilmente podrías conocer de otra forma.
Y en el caso de Kayla había algo casi como un guiño del universo, una de esas cosas que cuando te pasan sabes que, con el paso del tiempo, irás entendiendo mejor.
Ella es coach de comunicación y pronunciación en el estado de Nueva York, e hico el mismo viaje que yo, solo que a la inversa (muy tu a Bostón y yo a California)
Mientras yo llevaba años construyendo una identidad profesional en inglés, ella había construido una identidad profesional en español.
Mientras yo aprendía a moverme dentro de su cultura, ella aprendía a moverse dentro de la mía.
Y ambos habíamos llegado a una conclusión parecida.
La mayoría de los profesionales no tienen realmente un problema de inglés.
Tienen un problema de identidad internacional.
Han aprendido gramática.
Han estudiado vocabulario.
Han hecho cursos.
Incluso pueden mantener conversaciones complejas.
Pero nadie les ha enseñado cómo crear una nueva identidad como comunicadores en un entorno internacional.
Cómo encontrar su voz.
Cómo darle forma.
Cómo sentirse naturales.
Cómo comunicar con claridad sin sentir que están interpretando un papel que no les pertenece.
Y precisamente de eso hablamos en este episodio.
El acento Trasatlántico
Uno de los momentos más fascinantes de nuestra conversación fue cuando Kayla explicó el llamado Inglés Trasatlántico.
Un acento que realmente nunca perteneció a ningún lugar.
No era británico.
No era americano.
Era una construcción creada en Hollywood durante las décadas de los años 30, 40 y 50.
Una forma de hablar diseñada para servir de puente entre las audiencias estadounidenses y europeas.
Muchas actrices famosas lo utilizaban.
Y al escuchar hoy algunas de sus interpretaciones se percibe algo extraño y familiar al mismo tiempo.
Como si estuvieras escuchando varios mundos coexistiendo dentro de una misma voz.
Lo interesante es que ,este acento ,nos permite cuestionar una idea que solemos dar por sentada.
Esta idea de autenticidad, especialmente cuando hablamos de Oratoria.
Porque esas actrices no estaban intentando sonar exactamente como eran en su vida privada.
Estaban adaptando su comunicación a una audiencia.
Y la realidad es que todos hacemos eso constantemente.
El mito de la Autenticidad
Hay una idea que apareció varias veces durante la conversación con Kayla y que me parece especialmente importante.
La autenticidad no significa permanecer exactamente igual toda la vida.
Pensemos en algo tan simple como nuestra forma de vestir.
Nadie espera que sigamos llevando la misma ropa que llevábamos en el instituto.
Nuestro estilo evoluciona.
Aprendemos.
Descubrimos qué nos representa mejor.
Nos adaptamos a diferentes contextos.
Y aun así seguimos siendo nosotros.
Con nuestra voz ocurre exactamente lo mismo.
Todos adaptamos nuestra comunicación según la audiencia.
No hablamos igual con un cliente que con un amigo.
No hablamos igual en una entrevista que en una cena familiar.
No hablamos igual delante de cien personas que tomando un café.
La cuestión no es evitar esa adaptación.
La cuestión es aprender a hacerla de forma consciente.
Manteniendo nuestra esencia mientras desarrollamos nuevas herramientas.
Lo que la pronunciación tiene que ver con todo esto
Muchas personas creen que trabajar la pronunciación consiste en perder el acento.
Pero ese no es el objetivo.
De hecho, no creo que deba serlo.
La cuestión es la claridad.
Durante el episodio hablamos de uno de los errores más comunes que veo en profesionales internacionales: mezclar diferentes variantes del inglés.
Un poco de británico.
Un poco de americano.
Un poco de los sonidos de su idioma nativo.
Para un oído nativo esto genera ruido.
¿Por qué?
Porque nuestro cerebro funciona reconociendo patrones.
Constantemente está intentando predecir lo que viene a continuación.
Cuando esos patrones cambian continuamente, el esfuerzo necesario para comprender aumenta.
Es lo que se conoce como carga cognitiva.
Y cuando una audiencia tiene que invertir demasiada energía en entender cómo hablas, dispone de menos energía para concentrarse en lo que realmente importa: tus ideas.
Por eso suelo recomendar elegir una variante de inglés y desarrollarse dentro de ese marco.
No porque una sea mejor que otra.
Sino porque la consistencia facilita la comprensión.
En mi caso ocurrió de forma bastante natural.
Empecé aprendiendo inglés británico.
Pero con el tiempo me fui sumergiendo cada vez más en contenidos relacionados con liderazgo, comunicación, desarrollo profesional y emprendimiento procedentes de Estados Unidos.
Podcast tras podcast.
Libro tras libro.
Conferencia tras conferencia.
Mi oído empezó a cambiar.
Mi pronunciación empezó a cambiar.
Y mi forma de comunicar también.
No fue una decisión estratégica.
Fue una consecuencia de la inmersión.
Grace Kelly, Meghan Markle y la adaptación cultural
En el episodio también analizamos escenas de Grace Kelly y Meghan Markle.
Y más allá de la pronunciación, lo que realmente observamos fue algo mucho más profundo.
Cómo las personas adaptan su comunicación cuando cambian de contexto cultural.
Aquí me acordé de las ideas de Erin Meyer y su trabajo sobre diferencias culturales.
Hay culturas más directas.
Otras más indirectas.
Algunas priorizan la claridad.
Otras priorizan la relación.
Algunas son más low context.
Otras más high context.
Y todo eso se refleja también en la voz.
En el ritmo.
En las pausas.
En el lenguaje corporal.
En la forma de construir autoridad.
Aprender un idioma implica inevitablemente entrar en contacto con otra forma de interpretar el mundo.
Y para mí esa ha sido una de las mayores recompensas de convertirme en comunicadora internacional.
La verdadera ventaja de comunicarme en Inglés Internacional
Con el tiempo he llegado a la conclusión de que la mayor ventaja de hablar inglés no es el idioma.
Son las ideas.
Son los puntos de vista.
Son las conversaciones a las que tienes acceso.
Son las formas de pensar que descubres.
Muchas de las habilidades profesionales que utilizo hoy las aprendí gracias a esa inmersión en contenidos internacionales.
No porque todo lo que venga de Estados Unidos sea mejor.
No lo es.
Pero sí porque acceder a otra cultura te obliga a cuestionar tus propias creencias.
Te permite ganar perspectiva.
Te ayuda a observar tu realidad desde una distancia saludable.
Y eso tiene un enorme valor.
Hoy siento que vivo entre dos culturas que amo.
Una me conecta con mis raíces.
La otra alimenta mi curiosidad.
Una me aporta cercanía.
La otra me invita constantemente a explorar.
Y en ese equilibrio he encontrado una forma de entender la comunicación internacional.
Crear una voz internacional
Si algo he aprendido durante estos años es que crear una voz internacional tiene mucho menos que ver con la perfección y mucho más con desarrollar ciertas capacidades.
Claridad.
Adaptabilidad.
Curiosidad.
Empatía.
Consistencia.
Capacidad de observación.
Y sobre todo la voluntad de seguir evolucionando.
Quizás por eso la pregunta más importante no es qué nivel de inglés tienes.
Quizás la pregunta es otra.
¿Qué tipo de comunicador internacional quieres llegar a ser?
¿Qué valores quieres transmitir?
¿Qué hábitos estás construyendo?
¿A qué voces te expones cada día?
¿Qué cultura estás permitiendo que influya en tu forma de pensar?
Porque muchas veces el desafío no consiste en aprender inglés.
Consiste en construir una identidad internacional propia.
Una identidad capaz de moverse entre culturas sin sentir que tiene que elegir entre una u otra.
Y quizás ese sea el verdadero objetivo.
No sonar como un nativo.
No perseguir una perfección imposible.
Sino desarrollar una voz que te permita conectar con personas de cualquier lugar del mundo sin dejar de sentirte tú mismo.






