EP 93-La habilidad que más vas a necesitar en la era de la IA | Carlos Alcalá (Playing Camp)

¿Cuándo fue la última vez que jugaste de verdad? En este episodio hablo con Carlos Alcalá, fundador de Playing Camp, sobre una idea que puede cambiar nuestra forma de aprender, trabajar y comunicar: recuperar el juego. Conversamos sobre creatividad, oratoria, inteligencia artificial, bienestar corporativo, team building, aprendizaje y por qué las habilidades humanas serán cada vez más importantes en un mundo donde la IA hará gran parte del trabajo técnico. Quizá no necesitamos trabajar más. Quizá necesitamos aprender a jugar otra vez.

10 min

El Juego no era cosa de niños. Era la forma en la que mejor aprendíamos.

"No dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar."

George Bernard Shaw

Desde siempre, jugar ha sido uno de mis verbos favoritos.

Especialmente cuando hay deporte de por medio. O cuando estoy creando algo.

Porque cuando juegas pasa algo curioso.

Dejas de pensar tanto.

Entras en ese estado en el que estás completamente presente. El tiempo pasa diferente. Te ríes más. Te atreves a probar cosas que, en otro contexto, quizá ni intentarías.

Y también cambia algo en las personas con las que compartes ese juego.

Hay menos juicio.

Más curiosidad.

Más conexión.

Sin embargo, en algún momento nos hacemos adultos.

Llegan los objetivos.

Las responsabilidades.

Las listas interminables de tareas.

Y, casi sin darnos cuenta, dejamos de reservar espacios para jugar.

Ni siquiera hace falta que alguien nos diga que "jugar es cosa de niños". Es una idea que termina dirigiendo muchas de nuestras decisiones sin que nadie la pronuncie.

Los días pasan y sólo unos pocos afortunados parecen haber encontrado una forma de seguir jugando a través de su trabajo.

Ese siempre ha sido mi sueño.

Y este Podcast es, precisamente, el lugar donde documento ese proceso. La búsqueda de una forma de trabajar que se parezca mucho más a jugar que a sobrevivir.

Porque si te soy sincera, la Ana que empezó estudiando Derecho estaba bastante lejos de imaginar el trabajo de esa manera.

Aunque, si miro hacia atrás, creo que el juego siempre ha estado en mi naturaleza.

No he sabido evitarlo nunca.

¿Y si aprender fuera, sobre todo, jugar?

Tengo una convicción muy fuerte.

Creo que cualquier cosa se aprende muchísimo mejor jugando.

No un poco más.

Muchísimo más.

Cada vez hay más investigaciones en neurociencia y psicología que muestran que cuando jugamos disminuye la sensación de amenaza, aumenta la curiosidad y nuestro cerebro está mucho más dispuesto a crear nuevas conexiones neuronales.

El juego activa la motivación intrínseca.

Experimentamos.

Probamos.

Nos equivocamos.

Volvemos a intentarlo.

Y precisamente ahí es donde aparece el aprendizaje profundo.

No es casualidad que un niño pueda repetir cien veces la misma acción sin aburrirse.

Está aprendiendo.

Y disfrutándolo.

Quizá los adultos seguimos necesitando exactamente lo mismo.

Sólo que lo hemos olvidado.

Cuando cambias el marco, cambia completamente la experiencia

Lo fascinante del juego es que no cambia necesariamente la situación.

Cambia la forma en la que te relacionas con ella.

Imagina que estás buscando trabajo.

Puedes vivir cada entrevista como un examen.

O puedes convertirlo en un juego.

  • ¿Qué pasaría si el objetivo fuera conseguir cien rechazos?

De repente desaparece parte de la presión.

Cada "no" deja de ser un fracaso para convertirse en una puntuación más del juego.

Sucede algo parecido cuando hablamos en público.

Durante años, cuando hablaba en Inglés, sin saberlo, utilizaba una estrategia muy cercana a la actuación.

Puede que no fuera yo del todo, puede que sí.

Al final, interpretaba una versión de mí.

Creaba cierta distancia.

Y esa distancia hacía que desaparecieran muchos nervios.

Hoy sigo utilizando esa idea cuando entreno comunicación y oratoria a miles de profesionales.

Porque cuando conviertes una presentación en un juego, tu cerebro deja de interpretarla como una amenaza.

Y todo cambia.

¿Por qué solo hablamos de "jugar" cuando hacemos deporte?

Hay algo que siempre me ha llamado la atención.

En el deporte nunca dejamos de hablar de jugar. Jugamos un partido de tenis. Jugamos al fútbol. Jugamos al baloncesto. Incluso cuando hay muchísimo en juego —una final, un campeonato o unos Juegos Olímpicos— el lenguaje sigue siendo el mismo: jugar.

Sin embargo, cuando entramos en una oficina, una universidad o una sala de reuniones, parece que el juego desaparece. Como si aprender, pensar o trabajar tuvieran que hacerse desde la seriedad permanente. Como si el cuerpo perteneciera al deporte y la mente al trabajo.

Y creo que ahí hemos cometido un error.

Porque comunicar, aprender un idioma o hablar en público también son actividades corporales. Requieren presencia, ritmo, respiración, intuición, creatividad. No se aprenden solo leyendo un libro, igual que nadie aprende a jugar al tenis viendo vídeos.

En The Inner Game of Tennis, The Inner Game of Tennis, W. Timothy Gallwey explica que el mayor rival de un tenista rara vez está al otro lado de la red; suele estar en su propia cabeza. Cuando dejamos de intentar controlar cada movimiento y aprendemos a confiar, el rendimiento mejora.

Siempre he pensado que la oratoria funciona de una forma muy parecida. Cuanto más intentas hacerlo perfecto, peor comunicas. Cuanto más te permites jugar, experimentar y estar presente, más natural resulta todo.

Quizá el aprendizaje nunca debió separarse del juego. Quizá solo cambiamos el escenario.

Aprender un Idioma también puede ser un juego

Quizá ésta sea una de las cosas que más ha transformado mi manera de aprender.

Cuando preparaba mi inglés no me limitaba a estudiar vocabulario.

Construía universos.

Hacía mood boards de Nueva York.

Veía entrevistas hasta empaparme de la forma de hablar de un comunicador.

Practicaba shadowing, imitando su ritmo, su entonación y su energía.

Me imaginaba caminando por esas calles.

Entrando en cafeterías.

Manteniendo conversaciones.

No estaba memorizando.

Estaba jugando.

Y creo que por eso aprendía mucho más rápido.

El juego es mucho más serio de lo que parece

En mis formaciones de comunicación y oratoria siempre intento que la práctica tenga forma de juego.

  • Hacemos mock trials.
  • Charlas TED.
  • Entrevistas.
  • Podcasts.
  • Programas de radio.

Todo aquello que permita experimentar antes de enfrentarnos a la realidad.

Porque cuando dejamos volar la imaginación sucede algo curioso.

Recuperamos la ilusión.

Nos atrevemos más.

Y el aprendizaje se queda mucho más tiempo con nosotros.

Quizá estamos diseñados para soñar, crear y jugar

A veces pienso que el juego no es una recompensa.

Es una necesidad humana.

Estamos diseñados para imaginar.

Crear.

Explorar.

Jugar.

Pero por alguna razón hemos terminado asociando la madurez con la seriedad permanente.

Y quizá sea justo al contrario.

Quizá una de las formas más inteligentes de vivir sea recuperar esa mirada lúdica.

No porque los problemas desaparezcan.

Sino porque cambia completamente nuestra manera de enfrentarnos a ellos.

Nada es tan personal.

Nada es tan definitivo.

Todo se convierte un poco más en un experimento.

Y eso libera muchísimo.

El episodio de esta semana

Precisamente de todo esto hablo con Carlos Alcalá, fundador de Playing Camp.

Un espacio que redefine el concepto de "recreo" para empresas.

Un lugar donde el bienestar corporativo deja de ser un PowerPoint para convertirse en experiencias que conectan con la naturaleza, el juego, la creatividad y las relaciones humanas.

Hablamos de aprendizaje, neurociencia, empresas, inteligencia artificial, búsqueda profesional y de por qué quizá el juego sea una de las habilidades más importantes del futuro.

Y tu...

¿Dónde has dejado de jugar... y cómo podrías recuperar un pequeño espacio para hacerlo esta misma semana?

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